Los tatuajes del “Gato” Ortiz

La piel del Gato Ortiz comenzó a convertirse en un enorme mapa con muchos caminos e historias. La primera, platica su tatuador César Castillo, fue un sol en el hombro izquierdo. El entonces portero suplente del Monterrey tenía tan solo 20 años de edad y ganas de comerse el balompié mexicano a puños. Omar Ortiz llegó por casualidad para marcar en su cuerpo el primero de 35 tatuajes que lleva desde el año del 96.

“La primera vez llegó por el 96 y me pidió un sol. Lo trajo el Cabrito y decía que esa imagen le inspiraría lograr grandes cosas en la vida. Desde entonces se convirtió en cliente frecuente al grado de tener más de 35 tatuajes en todo el cuerpo”.

Un dragón enorme cubre su espalda, en el pecho lleva los rostros de dos de sus seis hijos, caritas de gatos en los brazos, la Virgen María, San Judas, peces como su signo zodiacal, garabatos japoneses, estrellas, frases y lo que se le fue ocurriendo conforme pasó el tiempo.

El Gato siempre decía: “Uno nunca sabe dónde estará mañana. Hoy estás en un equipo, mañana quién sabe”. De hecho, él pretendía ser delantero y terminó hasta el final de la cancha, justo bajo los tres palos. Él quería ser mundialista y terminó con un castigo de dos años por doping. También buscó otro modus vivendi y acabó muy lejos de volver a las canchas.

La última vez que estuvo con el Gato Ortiz fue hace aproximadamente un mes. “Después del castigo por doping, Omar dejó de venir. Sólo en dos ocasiones regresó: para que le retocara algunos tatuajes y para que le hiciera una frase en el cuello, dedicada a su familia”.

Confiesa que el Gato habló poco, se le miraba serio y con prisas.

Estoy seguro que no solo el “Gato” Ortiz ha hecho elecciones erróneas en su vida, nada mas que acapara las luminarias por ser quien es y el medio donde se desempeñaba. Es triste, si, pero muchos han acabado así.

Las marcas que cubren la piel del Gato