¿Es necesario que expertos expliquen cada una de las modas que existieron, existen o existirán? Creo que el concepto “MODA” es claro. De repente creo que gana la desesperación por publicar notas…
Monster High, la línea de muñecas de Mattel que salió a la venta hace poco más de un año y está agotada en las jugueterías de Monterrey, presenta a las hijas de siete monstruos legendarios sobrellevando las dificultades de la adolescencia.
Con el eslogan de “Freaky just got fabulous, be yourself, be unique, be a monster” (lo anormal ahora es fabuloso, sé tú misma, sé única, sé un monstruo), esta franquicia de muñecas llegó con todo un arsenal de productos como libros, accesorios, ropa, episodios web y especiales de televisión.
Antes de la llegada de los “Monstruos Divinos de la Muerte”, como también se les llama, las bisabuelas jugaron con muñecas de “sololoy” o trapo, las abuelas le daban “comidita” a sus muñecas de vinil que abrían y cerraban los ojos y las mamás fueron amiguitas de Barbie o cargaron a una regordeta Cabbage Patch.
La calaverita con moño rosa, logotipo de las Monster High, es ahora moda entre las niñas, y muchos no pueden evitar preguntarse a qué se debe esta fascinación.
A la mayoría de las niñas les gustan por ser diferentes, y en vez de encontrarlas feas o temibles, las encuentran divertidas y originales.
“Es fashion”, atina a decir Patricia Fernanda González Salas, de 6 años, sobre su muñeca Lagoona Blue, hija del Monstruo Marino, y que le trajo Santa Clos en Navidad.
Michelle Martínez García, de 11 años, tiene a Cleo de Nile, una princesa egipcia con joyas exóticas, hija de La Momia.
“Me gustaron las muñecas porque cada una tiene su historia”, comenta Michelle. Además, dice, son bonitas, diferentes y sus compañeras de salón tienen una o varias de la serie.
La respuesta de los padres ante estas inusuales compañeras de juego es variada. Por un lado hay madres que se niegan a comprarlas por considerarlas un rol a seguir peligroso, y por otro, están las que ven a las muñecas como una moda infantil más.
“Se me hace que fomentan la moda dark y cosas de ésas que salen en películas de los adolescentes”, dice Angélica María Chapa, de Sabinas Hidalgo. “A mí no me gusta mucho eso, se me hace que son niñas con pensamientos oscuros, como que nada más están viendo para su interior, solitarias”.
Claudia Ramos, una mamá de Monterrey, afirma que no le ve nada de malo a las muñecas y las considera sólo una moda.
Todo es cuestión de analizar lo que busca cada niña con su muñeca, comentan los expertos.
Quizá buscan sobresalir o simplemente no quedarse atrás entre sus compañeras.
“Ésta también sigue siendo una competencia”, menciona la psicóloga escolar y terapeuta Marina Pérez. “(La idea de que) en la cuadra todo mundo tiene esta muñeca y no puede ser la niña de esta casa la que se quede sin ella”.
Para el sociólogo Salvador Hernández, las Monster High son parte de una necesidad que surge de los problemas sociales.
“(Las muñecas) tienen que ver, para mí, con un gran sentimiento de inseguridad y como producto del contexto que estamos viviendo”, expresa el experto.
“Inseguridad no solamente en el terreno de la violencia que nosotros conocemos; hablamos de la inseguridad emocional, de la inseguridad en las relaciones humanas, de la inseguridad en la autoestima y en la capacidad de nosotros mismos de confiar en los demás y en nosotros mismos”, señala.
Nallely Sulamit, de 12 años, e hija de Hernández, tiene a Draculaura y a Frankie Stein.
“Sí son monstruos, pero a la vez, no son malos”, comenta Nallely, quien considera a la Barbie muy tradicional y le gustan las Monster High por sus originales vestidos.
En el mismo tema de la protección, y de acuerdo con The New York Times, Mattel ha usado a la marca de muñecas para combatir el bullying en Estados Unidos, en conjunto con el movimiento Kind Campaign, bajo la premisa de que alguien cool es amable y de que no se trata de “ser perfecto”.
Si el juego de muñecas es un ejercicio de roles a futuro, ¿qué indica que hoy jueguen con monstruos?
Hernández considera que uno de los riesgos es reforzar un sentimiento de naturalidad ante lo violento o inseguro. Acostumbrarse a eso, a la larga, sería peligroso.
De acuerdo con Pérez, todo depende de la estructura de cada menor.
Una niña saludable emocionalmente, dice la psicóloga, no se ve influenciada drásticamente, pero cuando hay una cuestión emocional frágil, con padres ausentes que tratan de sustituir el cariño con un juguete, se buscan otros modelos para identificarse y si éstos son negativos, puede haber repercusiones dañinas.
“Mucho es de que como no están tanto tiempo con sus hijos entonces sí hay cruda moral (culpa). La cruda moral no me hace modificar la conducta, nada más suplir. Como no soy tan buen papá te doy todo lo que me pides material.
“El consejo sería poner más atención a lo que ellos piden; analizar lo que les van a dar”, expresa.
Su sugerencia es estar sencillamente más en contacto con los hijos, dándose cuenta de lo que piensan y a qué juegan. “Escuchando”, menciona.
El Norte





Pingback: La generación “Monster High” | Regioblogs